Los 7 regalos que nos da un huerto en casa

Escribe: Verónica Mackenzie

¿Dónde está mi gente ansiosa? ¡Quiero ver esas manos arriba! Honestamente, levantaría hasta los pies. Por más cliché que suene, enfocarme en actividades positivas me ha mantenido relativamente cuerda en estos meses. Sin embargo, mi atención no daba para algo muy trascendental o espiritual. Lo que necesitaba era una actividad práctica y tangible que me mantuviera enfocada por algunas horas a la semana. Así que le metí punche a mi huertito que estaba muy descuidado. La experiencia ha sido como encontrar oro en un río de barro y aquí te cuento por qué:

  1. Paciencia. El regalo más bonito de todos (en mi opinión). No puedes pretender sembrar una semilla y a los 3 días tener un árbol. Hay que ceder el control, confiar en los cuidados que le das a la planta y…esperar. Esperar en un mundo en donde todo es para ayer es un bálsamo para el alma.
  2. Constancia. Una acción diaria alimenta futuras victorias. Ser constante en el riego, cambio de tierra y exposición solar ayuda a que la planta crezca con seguridad. Imagínate si ese mismo concepto lo aplicamos a nuestra salud emocional.
  3. Rutina. Esto va de la mano con el punto anterior: una rutina constante para una planta fuerte. Esa estructura que parte de un lugar de cuidado y amor lo ves reflejado desde las primeras hojitas. A veces no entiendo en qué momento nos volvimos tan anti-rutina ni por qué.
  4. Observación. Las plantas no hablan pero sí se comunican: una hoja amarilla “mucha agua me estás matando” una hoja decaída “muéveme que el sol está muy fuerte”. Es necesario que participes activamente a través de la observación. Tú cuerpo tampoco puede hablarte…pero también se comunica ¿Hace cuánto no lo observas detenidamente, sin prejuicios y con cariño?
  5. Consciencia. Cuando involucras a tus manos, a tus ojos y tu concentración está al 100% enfocada en el huerto es casi casi un estado meditativo. Un momento interactivo con la naturaleza sin tener que irte de tu casa. En estos tiempos eso es un regalo maravilloso.
  6. Gratitud. Si te quieres hacer un té de menta, no atacas a la pobre planta hasta dejarla calata sin hojas. Tomas solo lo que necesitas. Ella te da un té delicioso, tú le das los cuidados para que siga creciendo. También sientes una sensación gratificante de literalmente disfrutar “los frutos de tu trabajo”.
  7. Conexión. Desde la semillita de tomate que ibas a botar a la basura, a las primeras hojas, a la transformación en enredadera, pasando a las flores preciosas y finalmente al tomate que vas a usar en una ensalada. Si sabes de este proceso, sabrás que también será la ensalada más deliciosa de todas. Estás alimentando a algo más que a tu cuerpo y estás saciando algo más que el hambre.

El mini huerto no tiene por qué ser ni complicado ni costoso y sin embargo lo que te da a cambio parece incomparable con lo que inviertes en un principio. No necesitas grandes espacios ni jardines. Es un proyecto para dedicar tu tiempo, aprender, conectarte con otras personas que hacen lo mismo y compartir. Un regalo con un lazo muy mágico.

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